Sexo casual en Barcelona

Posted By: Webmaster Techni-web In: Relatos On: lunes, mayo 2, 2016 Comment: 0 Hit: 110

Relato erótico de un hombre que tiene una aventura de ensueños.

Resulta que por alguna extraña razón terminé yendo de vacaciones de verano a las playas de Barcelona. Pensaba pasar las vacaciones en mi Madrid natal, pero mis amigos, queriendo hacer algo distinto, me convencieron de que fuéramos a un lugar distinto, solo para varias. Ellos estaban deseos de conocer los sitios emblemáticos de la ciudad, darse un baño en las playas y empaparse de la cultura. Yo, por mi parte, buscaba algo más parecido al sexo casual.

                  Recientemente había terminado una relación de años y todo lo que quería era olvidar aquello.  Así que no puse peros al viaje a Barcelona, porque pensé que sería una excelente forma de sacarme a esa chica de la cabeza. Me puse a mirar portales de contactos en internet como Escortpasion y aplicaciones como Tinder, pero realmente quería conocer a una chica de forma natural. Quería visitar locales diferentes, ver calles distintas, rostros totalmente desconocidos para mí y, si tenía mucha suerte, una deliciosa sesión de sexo casual en el baño de algún bar con una hermosa chica totalmente desconocida para, que seguiría siendo desconocida después del polvo. Eso era lo que quería, sexo que no involucrara sentimientos ni responsabilidades. Un sexo donde el condón no dejara que nuestros fluidos se juntaran, algo impersonal.

                  Durante el viaje pensé mucho en eso, lo que hacía que la polla se me pusiera a tope de dura pero, al llegar, me di cuenta de que no sabía cómo ligar. La chica con la que había tenido una relación de años, había sido mi compañera de clases desde el instituto, así que nos conocíamos de toda la vida, pero ahí me encontraba en otro sitio donde incluso las personas hablaban distinto y no sabía cómo dirigirme a las chicas, por lo tanto, desde un principio, mi fantasía de sexo casual se vio un poco truncada.

                  Así que simplemente me dediqué a pasar unas divertidas vacaciones junto a mis colegas, recorriendo los museos, las obras de Gaudí y yendo a la playa a tomar un baño. Hay algo en el mar que te calma y que te hace ver las cosas con una perspectiva distinta. Inmerso en ese recipiente salado de agua infinita me sentía libre de las responsabilidades y los problemas que había significado mi ruptura con aquella chica. Habían pasado varios días desde que habíamos pisado Barcelona y no había podido cumplir con mi fantasía de sexo casual, sin embargo ir a la playa frecuentemente me mantenía tranquilo, bastante satisfecho con haber realizado ese viaje.

                  Mi fantasía se cumpliría durante nuestro último día, cuando coincidimos en un bar con otro grupo de madrileños. Una de las chicas del grupo, una hermosa pelirroja, me había robado el aliento desde el primer momento en que nos vimos. Entre todos bebimos algunas birras y nos divertimos a tope, hasta que pasado un rato, la chica y yo comenzamos a devorarnos con la mirada. No decíamos nada, simplemente nos estábamos clavando los ojos, haciendo expresiones sugestivas mientras bebíamos nuestros tragos y dejábamos de prestarle atención a lo que sucedía alrededor. Hubo un momento en que me hizo un gesto con el dedo índice, diciéndome que me acercara, entonces se levantó y se dirigió al baño, donde se daría nuestra sesión de sexo casual.

                  Entramos besándonos frenéticamente. Era un baño pequeño, de un solo excusado. Ahí nos encerramos. Ella llevaba puesta una falda y no llevaba bragas debajo. Yo saqué rápidamente el preservativo de mi bolsillo, me bajé el pantalón y me lo puse a duras penas por lo duro que estaba. La recosté contra una de las paredes, tomándola por las piernas para sostenerla y abrirla mejor, y ahí entré en ella. Fue un polvo rápido y frenético, como el deseo de ambos. Se lo metí hasta que sentí reventar mi cabeza y la punta de la polla. Cuando me corrí pude sentir su coño apretándome con gusto, tal y como me gustaba que hicieran. Rápidamente nos limpiamos, nos arreglamos y salimos, había sucedido, el sexo casual que tanto había esperado. Ella se fue con sus amigos y yo me devolví al hotel. Nunca volvimos a vernos pero, en ocasiones, me toco pensando en aquella vez, una de las mejores y las más salvajes que he tenido.

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