Taxi hacia un orgasmo

Posted By: MARC VILLANUEVA In: Relatos On: miércoles, febrero 5, 2020 Comment: 0 Hit: 91

El último viernes de enero, Sofía y su mejor amiga Alejandra, salieron de fiesta a una discoteca nueva en la ciudad, Alejandra había insistido que su mejor amiga necesitaba relajarse un poco y echar un polvo, por eso la hizo ponerse el vestido más corto que tenía en el closet, uno de color negro que dejaba al descubierto tu trasero si se movía demasiado.

El último viernes de enero, Sofía y su mejor amiga Alejandra, salieron de fiesta a una discoteca nueva en la ciudad, Alejandra había insistido que su mejor amiga necesitaba relajarse un poco y echar un polvo, por eso la hizo ponerse el vestido más corto que tenía en el closet, uno de color negro que dejaba al descubierto tu trasero si se movía demasiado.

                ―Ya me estoy arrepintiendo ―Susurró Sofía mientras intentaba mantener el vestido en su sitio al caminar.

                ―Ya, relájate ―bufó con aburrimiento Alejandra mientras entregaba las identificaciones de ambas en la entrada.

Entraron un par de segundos después, ambas amigas se acercaron a la barra donde pidieron varios tragos. Alejandra bebía el vodka como si se tratara de agua y Sofía la miraba un poco preocupada. Al terminar las bebidas, fueron a la pista de baile a menearse al ritmo del último hit del verano, una canción latina bastante sugerente que servía como ambientación ideal para ese momento en que los hombres se acercaban a las mujeres y bailaban de la misma forma en la que tenían sexo.

Para cuando se hicieron las 2 de la madrugada, Alejandra estaba totalmente dormida en un sillón por la borrachera que tenía. Con la ayuda de un chico muy amable, Sofía pudo llevar a su amiga hasta la salida y pedir un taxi, tuvo que esperar unos minutos en la acera pero cuando el auto llegó, sintió que por fin su noche terrible mejoraba.

                ― ¿La ayudo con su amiga, señorita? ―dijo el taxista desde el auto.

Sofía le contestó afirmativamente y agradeció su amabilidad, más cuando el hombre bajó del auto y ella pudo echarle un vistazo, sintió que se le aceleraba el corazón. Era alto, moreno y con unos ojos verdes que robaban el aliento, probablemente era el taxista más hermoso que Sofía había visto alguna vez y se sintió casi como una colegiala enamorada.

Juntos metieron dentro a su amiga y ella subió al automóvil también, para darle la dirección a la que debía ir, luego se dedicó a mirar fijo al hombre. Muy pronto el caballero comenzó a buscarle conversación, algo habitual en los taxistas.

                ―Su amiga empezó la noche muy pronto, supongo ―comentó el taxista sin ánimos de burlarse―es usted buena amiga al no dejarla sola en ese estado.

                ―Debo cuidarla ―comentó Sofía con sinceridad― aunque la que me obligó a ir de fiesta fue ella, pues insistió en que debía relajarme un poco y echar un polvo, pero al parecer fue ella la que necesitaba desinhibirse.

                ―La noche no ha terminado todavía ―comentó el taxista encontrando los ojos de ella a través del retrovisor―puedo ayudarla a relajarse un poco.

En cualquier otra situación, Sofía habría cortado la charla e incluso le habría pedido que parara el coche, sin embargo la tensión sexual era increíble y realmente tenía ganas de hacer algo loco.

                ―¿Tienes preservativos? ―preguntó Sofía con una sonrisa.

                ―Por supuesto ―contestó él sacando de la guantera una caja sin abrir de preservativos ultra finos.

                ―Bien, detente en algún lugar ―exigió ella con impaciencia.

Él condujo hasta llegar a una calle tranquila que parecía solitaria y bajando del auto le pidió a Sofía que lo acompañara, caminaron un par de pasos hasta un callejón desde el cual podían vigilare el taxi. De inmediato las bocas de ambos se juntaron y el deseo aumentó unos grados más, Sofía se sentía impaciente por ser llenaba y él parecía sentir lo mismo.

Cuando el preservativo estuvo en su lugar, él empujó a Sofía contra la pared, le alzó una pierna y la penetró en aquella posición en la que parecía llenarla completamente. Empujaron sus caderas una y otra vez mientras sus bocas callaban los gemidos, ella metió una mano entre sus piernas y se acarició con fuerza el clítoris, la sensación era tan intensa, aquellos condones le hacían sentir que no había barrera ente ambos y cuando menos lo creyó, se corrió con fuerza, siendo seguida en el orgasmo por su taxista.

Al terminar, se arreglaron las ropas y volvieron al taxi donde charlaron con alegría. Aquel hombre fue tan amable que ayudó a Sofía con su amiga Alejandra.

Sin duda, aquella había sido una buena noche.

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